LA CRISIS DE LA DEUDA
(3ª parte)
Las posturas ante una crisis de la deuda
y la crisis de la deuda en España
¿CÓMO PONER SOLUCIÓN A UNA CRISIS
DE LA DEUDA?
No se podría señalar con absoluta certeza cual es la
medida o conjunto de medidas que pondría solución a una situación de crisis de
la deuda.
Las posiciones según ideologías y situación financiera
(acreedores y deudores) varían mucho, pero podríamos decir que las más
extendidas y “machacadas” han sido las posiciones que defendía el FMI y el conjunto de acreedores
materializados en el G7. Estas políticas han sido expuestas en el apartado sobre el Consenso de Washington,
documento que puede servir mismamente para explicar las directrices del Banco
Mundial y del FMI.
(apartado 5. PLAN BRADY Y CONSENSO DE WASHINGTON. FASE III)
En el largo plazo se ha podido observar marcadas
diferencias en los resultados “neo-liberales” aplicados en la región
latinoamericana. Unos cuantos países han derivado en profundas crisis
financieras, otros en gobiernos totalmente opuestos al bloque del FMI-BM y
otros han asumido el papel de reforzar estas políticas del Consenso.
La disparidad de resultados por tanto es evidente. No
sólo eso, a pesar del crecimiento del PIB durante los últimos años, problemas
como la pobreza o la desigualdad siguen siendo persistentes. He ahí el
contraste de una cierta estabilidad macroeconómica actual de las naciones
latinoamericanas a costa de descuidar otros aspectos de las políticas sociales.
Otras posturas alejadas de lo “popularizado” por el FMI
son las políticas de deuda odiosa.
Al declararse la deuda, “deuda odiosa” ésta pasa a ser ilegitima y el gobierno
en cuestión suspende sus pagos al servicio de la deuda. Esto ha demostrado
presentar enormes pros y contras, que deben ser ante todo valorados y
analizados. Lo cierto es que históricamente las reestructuraciones de la deuda
por España han sido numerosas, sobre todo en el siglo XVI y XVII. Se suspendían
los pagos que vencían en el corto plazo y se postergaban unos años. También se
reducía el tipo de interés que desembolsaba la Corona por los bonos, concepto
llamado “quita”.
En los años 30 hasta 14 países latinoamericanos
declaraban la “deuda odiosa” y por ende su impago.
Desde luego la situación de los años 80 demostró que los
acreedores en bloque pudieron evitar este tipo de políticas incitando a las
economías endeudadas a acudir a los planes de ajuste que ellos mismos
proponían.
Argentina en el año 2001 suspendió pagos con una deuda de
145.000 millones de dólares (aprox.).
En 2008 el gobierno ecuatoriano decide denominar su deuda
ilegitima y “odiosa”, suspendiendo pagos en torno al 70% del total de la deuda.
La última de las posturas señala que se debe apelar al Estado para que éste, precisamente en un
momento de aguda crisis, intervenga con recursos públicos en la economía
fomentando las obras públicas y todo tipo de inversión pública que genere
empleo, producción y rentas. La experiencia histórica más reseñable de este
tipo de políticas es el “New Deal” de EE.UU. Dicho plan llevado por el gobierno
Roosevelt, aprueba la inversión de cuantiosas sumas para obras públicas,
reforestación, apertura de industrias, reorganización bancaria, mejora del
sistema eléctrico. En su segunda fase iniciada desde 1936 incluye medidas de
carácter social más evidente como el seguro por desempleo y las pensiones.
Evidentemente el New Deal fue un plan que obtuvo resultados muy positivos en
cuanto a producción y desempleo. EE.UU vivía una época especialmente mala tras
el inicio de la depresión de 1929, y había alcanzado una tasa de desempleo
desorbitada.
Podría por tanto decirse que la actuación del gobierno
norteamericano fue decisiva para impulsar la inversión, en consumo, y luego el empleo.
En el contexto actual se han de marcar las diferencias
pertinentes para hacer un correcto análisis. Y la verdad es que los Estados
europeos en crisis disponen de pocos recursos: precisamente de eso trata la
crisis. Si hay crisis no hay abundancia de recursos, por tanto no hay margen de
actuación alguno. Los enormes déficits presupuestarios consumen buena parte
de los recursos nacionales, lo que deja al Estado maniatado a los prestamistas
extranjeros pues de ellos depende si el Estado en cuestión obtiene dinero. En
otras palabras, la acción del Estado es muy limitada, cuando no imposible, pues
por las políticas de “gasto público” no puede actuar y por las políticas de
recaudación podría conceder determinados incentivos, pero en un contexto de
crisis de la deuda estos incentivos no pueden ser promulgados, salvo de ser de
buena rentabilidad. La contracción constante del gasto público impide al
gobierno fomentar la producción y el empleo… precisamente cuando éste asume a
la nación en un proceso de depresión o devaluación interna, buscando la
caída de los precios, de los costes laborales y así una mejor competitividad.
Tanto con las políticas monetarias restrictivas de Latinoamérica como con las
políticas fiscales restrictivas de Europa no se pueden dar recursos extra al
Estado en el corto plazo, pues estos recursos se resienten y menguan por la
actividad contractiva de la economía, ello repercute en una menor recaudación y
en un mayor déficit.
Sin esos recursos extras el Estado tiene poco margen de
maniobra. Menos puede impulsar un plan a gran escala como fue el New Deal.
Cuando los acreedores presionan sobre la nación deudora
sobre la reducción de sus déficit, esta economía entra en un contexto de
decrecimiento y recesión. Los recursos del Estado vienen precisamente de
aquellos Estados acreedores que exigen, para seguir con los préstamos, una
reducción del gasto público. Ello impide cualquier tipo de plan ambicioso, por
tanto, esta posición no resulta del todo realista.
RELACIÓN DE ESPAÑA
CON EL CONCEPTO DE CRISIS DE LA DEUDA
Resulta
al menos sorprende estudiar el caso de la deuda en Latinoamérica y luego
comparar los hechos que están ocurriendo en España desde el año 2008.
Desde el
año 1998 España ha repetido el problema macroecónomico que forzó a las naciones
latinoamericanas al problema de la deuda externa.
Ahorro, Inversión y
saldo por cuenta corriente en España. 1995 - 2008
Saldo de la balanza por cuenta
corriente de España. 1950 – 2007
En el año 2007 el déficit
corriente alcanza una cifra record de casi el -12% del PIB.
Como puede apreciarse en los gráficos, España entra en
déficit corriente a finales de los 90. Ello tiene dos explicaciones,
principalmente.
En primer lugar es evidente un nivel de importaciones
superiores a las exportaciones, que resultan en un déficit comercial que
favorece en buena medida el déficit corriente.
En segundo lugar, como apreciamos en el primero de los
gráficos, la inversión del país supera ampliamente la capacidad de ahorro, que
a mayor problema va cayendo a lo largo de toda la década.
Estos dos hechos fuerzan a la economía española a
endeudarse masivamente estos años, cuando España crecía por encima de las
economías de la UE.
Explicaré brevemente los motivos de este desequilibrio
macroeconómico
· Las exportaciones crecen durante todo el periodo,
pero la entrada en el euro así como una inflación normalmente por encima de la
UE llevó a las exportaciones a perder competitividad y cuota de mercado. En
esta partida destaca muy positivamente el turismo, que reequilibra la balanza
comercial por la parte de los “servicios”
· Las importaciones se disparan durante todo el
periodo. Se ha de recordar que las importaciones tiene una elasticidad-renta
mayor a 1, por lo que al crecer la renta (como lo hizo durante todo el periodo
1995 – 2008), las importaciones crecen en mayor medida que ésta. Así, no sólo
no se corregía el déficit comercial sino que se profundizaba
· La inversión se dispara pues la llegada de
millones se nuevas personas al país amplía la fuerza de trabajo. Así, se
construirían cientos de miles de viviendas, se ampliarían notablemente las
infraestructuras, se reforzarían los municipios, las zonas urbanas y no
urbanas, etc… Ello supuso un despegue de la construcción, con todo lo que ello
supone. La construcción es un sector productivo con enormes efectos de
arrastre, por lo que se estimula todo tipo de industrias relacionadas con la
construcción, como pueden ser desde la cerámica, el cemento, la porcelana
sanitaria, o la grifería.
Al factor de la inversión ha de sumarse unos tipos de
interés en decrecimiento, que animaron aún más el crédito. Así, gran parte de
las inversiones, pero también el consumo, se empezó a ejecutar en forma de
créditos o préstamos bancarios
· El ahorro cae a lo largo de los años debido a
las positivas perspectivas de futuro. El empleo cada vez es mayor, y por tanto
también las rentas que se perciben. Ello lleva a un consumo frenético, ya sea
en efectivo o en crédito, que reduce considerablemente el ahorro.
Los resultados son los mismos que resultaron de las
políticas ISI de los países en desarrollo. El endeudamiento privado se dispara,
pero no sólo ello. El endeudamiento exterior había sido la fuente principal de
este endeudamiento, que estaba desbocado pero que sin embargo, poco se hacía
para su corrección, pues lo único que importaba es que en aquel entonces,
España creaba empleo y riquezas.
En el siguiente gráfico puede apreciarse la realidad.
Durante casi todos los años 90 la deuda privada se mantiene estable, e incluso
desciende, muy probablemente por las recesiones que se vivieron en los años
1992-93 y el problema del desempleo que generó. Mientras tanto, la deuda
pública caía en una clara política de estabilización de las cuentas públicas,
aspecto fundamental para el ingreso de España en el euro.
A partir del año 2000 aproximadamente, la cifra de
endeudamiento privado se dispara, desde el 150% del PIB, hasta el 300% del PIB.
Es decir, la cifra se duplica en cuestión de 7 años. En términos brutos y
aproximados, el endeudamiento privado ascendía a unos 3 billones de euros, una
cantidad inasumible que demostraba como el problema por cuenta corriente era
grave y debía atajarse.
Endeudamiento en España. 1989 –
2007.
En estos años se aprecia como se
dispara la deuda privada, mientras la deuda pública se contiene. Todos estos
datos, en términos relativos del PIB.
En el año 2007 comenzaría una crisis financiera en los
EE.UU, que se extendería por los mercados financieros rápidamente al conjunto
de países más desarrollados, empezando por Europa.
Entonces se descubrió que parte del dinero con el que el
sistema contaba y operaba, era ficticio, pues el sobreendeudamiento forzó a
conceder préstamos inadecuados, y tras una serie de acontecimientos, se desveló
el evidente riesgo de impago de varios agentes. Ello desata el pánico y
restringe el crédito, el cual era fundamental para una economía deudora como
España.
Al igual que ocurría en los años 70 en Latinoamérica, el
endeudamiento había sido la base del funcionamiento económico de la nación. En
el momento que éste escasea, e incluso peligra, surgen situaciones complicadas
que fuerzan repentinamente a la economía a solucionar en el déficit que
presentan.
España no estaba en el modelo de industrialización por
sustitución de importaciones, pues ya era una nación industrializada plenamente
desde los años 60, y porque en un mercado común no se podían restringir la
entrada de importaciones. Sin embargo, para la enorme inversión que había hecho
España durante los 90 y hasta el 2007 se necesitaban recursos. Estos recursos,
principalmente, eran dos. Las importaciones, que permitían en ocasiones
traer maquinaria o tecnología nueva, así como innovaciones o todo tipo de
productos que la economía nacional no genera pero necesita. Aquí es importante
la importación de petróleo, pues éste es una de las principales importaciones
en términos monetarios de la economía española. En segundo lugar España debía “importar
ahorro” pues al superar la inversión a los niveles de ahorro, la economía
estaba consumiendo más recursos de los que producía, recurriendo
inevitablemente al endeudamiento.
En el año 2008 podría oficializarse el problema
financiero que empezarían a vivir las naciones Occidentales industrializadas.
En septiembre de 2008 Lehman Brothers, un banco estadounidense, suspende pagos
por valor de unos 600.000 millones de dólares (el 50% del PIB de España
aproximadamente) lo que trae consigo inmediatamente una crisis de liquidez. El
sistema bancario mundial se tambalearía tras esta situación. No sólo eso, grandes
compañías norteamericanas y europeas estaban a punto de la quiebra, algunas de
célebre renombre como General Motors. En resumidas cuentas, el capital
multinacional y más grande se ponía en jaque, comprometiendo la producción, el
empleo y la imagen de los distintos países. Fue entonces cuando EE.UU y Europa
recurriendo a la intervención pública, con cuantiosas inyecciones de recursos
monetarios a las empresas en peligro. Así, los Estados acudían a una gran
nacionalización de los sectores productivos, pero este hecho no fue presentado
así, ni mucho menos, pues ante todo se ha de reconocer que fueron momentos muy
duros para las naciones, que temían una crisis de similar magnitud a la de
1929.
En España esto no ocurría, principalmente, porque 2008
fue año de elecciones, y el hecho de presentar los hechos tal y como eran
hubiesen modificado, al menos, la campaña electoral.
A partir de 2009 las economías entran en recesión y
deflación, siendo el año por excelencia de destrucción de empleo y producción.
Las recesiones oscilan dependiendo de los países. En España el PIB caería en
torno al 3% en el año 2009. Ante esta situación el gobierno propone un Plan de
Estímulo económico (Plan E) de claro corte keynesiano, en el que se busca la
inversión de 50.000 millones de euros para reactivar la economía.
Lo cierto es que el empleo y la economía mantuvieron su
espiral contractiva. Probablemente esta situación hubiese sido aún peor sin ese
Plan de estímulo, pero éste tuvo una vigencia tan corta y unos objetivos tan
“mediocres” que un año después comenzaba un endeudamiento brutal del sector
público sin que la situación se hubiese corregido, ni mucho menos.
A esto ha de sumársele una breve, pero letal política monetaria
del Banco Central Europeo, que es quien dirige la política monetaria de España
y de todos los países de la zona euro. El entonces presidente, J.C Trichet
decide elevar los tipos de interés, es decir, una política monetaria
restrictiva, cuando lo demostrado por la crisis de los años 30 es que lo
necesario era la búsqueda del crecimiento de la economía, no su depresión.
Aquella decisión da entender que el ex presidente de del BCE veía con confusión
los ejemplos históricos de los años 30, 70 y de la crisis de la deuda de los
años 80 y 90.
Debido a que el sistema bancario estaba al borde del
colapso, y el sobreendeudamiento privado que sale a la luz, se termina el
crédito al sector privado: empresas y familias. Sin nuevas inversiones, y
poniendo fin drásticamente a las ya existente, se derrumba el empleo. Lo más
preocupante no era el clima social que ello podría crear, pues la prestación
por desempleo del gobierno era bastante generosa y las personas aún tenían la
esperanza de “reciclarse”. Lo realmente
preocupante de este hecho es el desplome de los ingresos del Estado y de sus
administraciones. Al caer el empleo y la construcción, cae una parte
considerable de los ingresos, desajustando el presupuesto. A esto ha de
sumársele el Plan de reactivación económica de 2009, y otras políticas que
buscaban la recuperación económica a base de extender el gasto público.
La consecuencia, muy evidente, fue que el superávit
existente se hunde hasta un déficit presupuestario del -11% del PIB (más de
100.000 millones de euros de gastos más que ingresos).
UNA
NUEVA VERSIÓN DEL FMI. LAS INSTITUCIONES “EUROPEAS”.
Tras conocer el enorme déficit fiscal, la UE exigiría al
gobierno español que practicara de inmediato una política de ajuste, que
debería atacar principalmente el déficit en las cuentas del Estado. Se da por
entender así, que el enorme déficit corriente que fue el causante de la mayor
parte del endeudamiento en España (en torno al 70 – 75% del total), no es
tenido en cuenta o es menospreciado, muy probablemente, por los propios efectos
depresivos de la economía y las políticas que se trazarían para los próximos
años.
En mayo del 2010 se exige y se aprueba el primer plan de
ajuste, con pobres resultados macroeconómicos, pero que permiten incluso a la
economía crecer unas décimas. El aumento del desempleo es aún mayor que en
zonas de Latinoamérica. La excesiva especialización en la construcción así como
el incremento descomunal de la población activa durante el periodo 1999 – 2007
puede ser una de las explicaciones. En estos años, más de 5.000.000 de
extranjeros entraron al país en una época en donde se precisaba su mano de obra
(esta afirmación es cuestionable pues de no haber sido así el resultado hubiese
sido un aumento de los salarios, algo que no le convenía a la patronal).
La crisis de la deuda es evidente en España, pero ésta no
ha sido tan acusada como en Latinoamérica gracias al amparo de la Unión
Europea, que es socio, pero también ACREEDOR de España, asunto algo espinoso.
La situación, eso si, es bastante parecida a la que
vivieron los países en ISI en los años 80. Ahora es la UE, materializada en
Alemania la que exige una serie de ajustes antes de seguir prestando dinero a
España. Y resulta lógico, pues han sido los bancos alemanes los que han
financiado gran parte de la economía española, pero también griega o italiana.
Estos bancos, eran los que permitían las importaciones de productos alemanes en
crédito, posponiendo su pago, por ejemplo.
Llegado 2012 se produce un cambio de gobierno en España.
Las nuevas políticas que tomará este gobierno serán las que enuncian con tanta
insistencia la UE, que a su vez son las mismas que las del FMI. Por otro lado
las políticas monetarias están en la práctica desactivadas, pues no cabe lugar
a unas políticas monetarias restrictivas, y las políticas monetarias expansivas
están frenadas por los bajos tipos de interés (de continuar bajarlos podría
desembocar en lo que Keynes llamaba “La trampa de la liquidez) y por las
directrices del BCE que teme la inflación, y protege a la eurozona a capa y
espada de ésta, siendo dicho objetivo su mayor prioridad. Se produce por tanto
una diferencia respecto a Latinoamérica, que pudo saldar sus deudas nacionales
con inflación, fomentar bonos con tipos nominales más altos (buscando atraer capitales)
y pudo depreciar su moneda para ganar competitividad.
Keynes ya trataba de este tema en sus escritos de los
años 20.
Este autor se refería a la posibilidad de una moneda
sobreevaluada que tendiera a la economía al déficit corriente. Ante esto,
Keynes lo tenía muy claro. Los ciudadanos británicos aceptarían mucho antes una
devaluación, aunque comprometiese parte de su poder adquisitivo (pues se
encarecen las importaciones) que una “devaluación interna” que redujera los
salarios, nominales y reales.
Y eso es lo que ocurre. Latinoamérica tuvo que hacer
enormes sacrificios y degeneró en una situación social muy precaria en muy poco
tiempo. Sus ciudadanos vieron los procesos de ajuste sin dosificar ni
anestesia, ni siquiera con clemencia, puesto que los acreedores buscaban cobrar
cuanto antes.
Europa tendrá que hacer enormes sacrificios, pues esta
historia no hace más que empezar. De momento la sociedad aún se mantiene en
condiciones básicas aceptables, y los planes de ajuste están siendo, de todas maneras,
más suaves que los que vivió Latinoamérica. No se han aplicado políticas
monetarias restrictivas, a diferencia del caso de los 80. Pero hay un factor a
destacar que es la devaluación interna que viven los países periféricos de la
UE. Ella busca reducir los precios, a grandes rasgos. Para ello debe reducir
salarios y por ende costes. Así la economía recuperará su competitividad,
mejorarán las exportaciones, éstas fomentarán el empleo, y se recuperará la
economía.
Hasta ahí la teoría.
En conclusión, la crisis de la deuda en España muestra
grandes similitudes con la de Latinoamérica de los años 80 y 90:
· Caída de la producción (PIB) y del empleo, generando
enormes bolsas de desempleo. Si éste se mantiene en el tiempo, conduce a mayor
pobreza, miseria e incluso indigencia, pues muchos son forzados a quedarse sin
hogar
· Políticas monetarias y/o fiscales restrictivas que
agudizan aún más la caída del PIB y del empleo. Ellas constituyen los conocidos
como “procesos de ajuste”.
· Presión de los mercados financieros, que cesan el
crédito a las naciones deudoras poniendo en apuros al sector empresarial y
público.
· Unos
acreedores muy exigentes que buscan, ante todo, recuperar sus créditos
concedidos. Ellos refuerzan la presión de los mercados financieros, a la vez
que ejercen presión por otros flancos como son el ámbito político o
institucional.
· Una
deuda externa, y a rasgos generales, una deuda total difícil de imaginar, así
como de cuestionable reembolso por su enorme cifra.
BIBLIOGRAFÍA
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· La
crisis de la deuda externa de América Latina en el siglo XIX y XX. Eric
Toussaint
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Contribuciones del foro “Soloespolítica” en diversos debates e intercambio de
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